[Otra primavera, es la invitación a volar]
Ese despertar en emancipación estacional, canto de revolución en nubes que florecen como los atardeceres en llamas desde la cordillera mirando al mar austral de la tierra en que nací.
Es la sonrisa de la liberación, como prenderle fuego a los huracanes y las tormentas de este largo invierno. Cómo dejarse amar en tanta desconfianza, cómo amar sin miedo a sufrir. Cómo florecer sin miedo a marchitarse, aun cuando sabemos que es el futuro.
Cuidado diría Durkheim… que en primavera, cuando todos florecen, también se emancipan de las cadenas quienes no pueden florecer, diciéndonos adiós.
No deja de ser hermoso como sale el sol, casi recordando tu sonrisa, que me entibia el corazón. Tu beso que me hervía la sangre de ratón en los trenes. Este amanecer eso si, es para saludar; no para despedirse, no para destruirse.
Aquel día aprendimos a sacarnos las espinas de una mano con la otra, al mismo tiempo, los unos a los otros, y cada uno a sí mismo. Siendo sujetos y objeto del partisano dolor del parto, del nacimiento primaveral del solecer de las flores, del florecer del sol, del sonreír volando por aquel cielo, más cerca que nunca del espacio, casi al borde del mundo, al borde de lo real.
Nunca más parir, nunca más abortar, nunca más caer, nunca más temporales, nunca más la larga noche [… con mi corazón en las manos, y en él un stencil de tu sonrisa…]
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