jueves, 24 de marzo de 2011
Mas, yo aprendía a hacerlo con las manos y las cuerdas
y hoy aprendí a decir una nueva palabra: emancipación.
Palabra que carga el peso revolucionario de la adultez, que aun no sé articular, como tal,
me limito a deletrearla como arpegio, con las manos hablo y canto, con la boca sueño, con los ojos pienso y con mi guitarra escribo un mundo.
martes, 26 de octubre de 2010
Illuminaciones, Inverness
lunes, 18 de octubre de 2010
Atlas sound - Logos
corta.
02 - An Orchid (3:05)
03 - Walkabout (ft. Noah Lennox) (3:58)
04 - Criminals (2:55)
05 - Attic Lights (3:44)
06 - Shelia (3:32)
07 - Quick Canal (ft. Laetitia Sadier) (8:38)
08 - My Halo (3:16)
09 - Kid Klimax (2:59)
10 - Washington School (3:25)
11 - Logos (3:28)
Beirut, The flying club cup
El acorde de la lluvia.
Recuerdo aquella canción que decía “la nuestra es agua de río mezclada con mar”. Al escucharla no pude evitar recordar aquel antiguo puente, en un día invernal de hace muchos años, de la tierra en que nací. Donde el río se juntaba con el mar.
El puente estaba destruido, solo cruzaba la mitad del río y los pescadores se sentaban días enteros sobre (o debajo) de él, a esperar algún inocente animal que cayera en la trampa.
En ese lugar, donde se mezcla el agua de río con mar, es también donde se encuentran los ancianos y los recién nacidos, los primeros van a desovar antes de morir, los segundos van odisea al mar a vivir toda su vida.
Cuando era niño, mi abuelo decía que el eterno invierno era provocado por algún extraño fenómeno climático causado por esa dialéctica del mar y el río, de lo infinito y lo finito…
Pero, pasa que el eterno invierno es la composición general del corazón social latiendo en cada uno. Es el canto de la naturaleza a la soledad. La lluvia es un solo acorde eterno en campos-guitarra, que nos marca para toda la vida.
Estamos todos forjados a martillazos del acero de la lluvia, en fuego de inviernos, en herrerías feudales del sur. Sellados con los acordes de la guitarra universal del espíritu del tiempo.
domingo, 3 de octubre de 2010
La vida de los peces.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Solecer
[Otra primavera, es la invitación a volar]
Ese despertar en emancipación estacional, canto de revolución en nubes que florecen como los atardeceres en llamas desde la cordillera mirando al mar austral de la tierra en que nací.
Es la sonrisa de la liberación, como prenderle fuego a los huracanes y las tormentas de este largo invierno. Cómo dejarse amar en tanta desconfianza, cómo amar sin miedo a sufrir. Cómo florecer sin miedo a marchitarse, aun cuando sabemos que es el futuro.
Cuidado diría Durkheim… que en primavera, cuando todos florecen, también se emancipan de las cadenas quienes no pueden florecer, diciéndonos adiós.
No deja de ser hermoso como sale el sol, casi recordando tu sonrisa, que me entibia el corazón. Tu beso que me hervía la sangre de ratón en los trenes. Este amanecer eso si, es para saludar; no para despedirse, no para destruirse.
Aquel día aprendimos a sacarnos las espinas de una mano con la otra, al mismo tiempo, los unos a los otros, y cada uno a sí mismo. Siendo sujetos y objeto del partisano dolor del parto, del nacimiento primaveral del solecer de las flores, del florecer del sol, del sonreír volando por aquel cielo, más cerca que nunca del espacio, casi al borde del mundo, al borde de lo real.
Nunca más parir, nunca más abortar, nunca más caer, nunca más temporales, nunca más la larga noche [… con mi corazón en las manos, y en él un stencil de tu sonrisa…]