lunes, 21 de diciembre de 2009

Casi ya no recuerdo

Camino a los ochenta-y tantos años que casi ya no recuerdo

Haciendo un recuento de lo vivido

Nos encontramos con las culpas, frustraciones y espinas

De la espina más importante no queda más que la abierta e infectada piel

Pero olvidamos qué fue lo que tanto nos hirió

Mirándome las manos, viéndolas desgarradas, por el trabajo y la pelea,

Por casi un siglo de trabajo y pelea,

Al igual que Aureliano nos preguntamos ¿Por qué? Pero en ese preciso instante nos damos cuenta que la respuesta es la causa de la pregunta, algo diluido, que carece de sentido.

En otros tiempos tuvimos el mundo en nuestras manos,

Los jóvenes siempre son los que llevan en mundo, los inexperimentados

Ahora que ya vivimos, los ancianos somos la marginación de nosotros mismos,

La de-construcción de la historia.

El alzheimer es más que una cuestión biológica, es la expresión de la soledad, de la frustración de la soledad

De la tristeza que significa la voluntad de amar, la realización del hombre como ser social en contradicción con el abandono cotidiano del hacinamiento y la miseria.

La verdad es que no tengo respuestas, al contrario, tengo solo preguntas y la necesidad incontenible de comprender por qué intentan meter los dedos en la boca del lagarto, o quien es el verdadero monstruo.

Lo único que tengo por seguro es que el suicidio, a pesar de ser cotidiano, no es alternativa.

Esa es la resistencia final, la resistencia por la sanidad, por la sobre vivencia.

Estamos obligados a medir el valor de nuestra vida en cuantas otras podamos salvar

Y no digo salvar al estilo religioso, sino en un sentido médico-mental

Por ancianos que estemos, por inválidos que estemos, por inconcientes y perdidos

Vale la pena seguir si nos queda alguien que lo necesite, aun cuando ese seamos nosotros mismos.

Con saber que alguna vez te hice reír me puedo morir[*]



[*] “Ella es más bonita que mi novia” – Jaime Sin Tierra.

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