jueves, 9 de septiembre de 2010

Volver

Otra vez aquí, frente a la cordillera Más bien sobre ella y frente al mar En la tierra donde tantas veces vine, Quizás aquí fue que nací en realidad En medio de la noche, donde solo unos cuantos aventureros sórdidos se atreven a venir, Como mi padre.

Me enorgullece profundamente regresar a la tierra de las tormentas Porque el huracán soy yo, el huracán de nieve Que hace cordillera a la cordillera. Soy el lobo cazador y el zorro cazado, mal mirado y astuto Que escuchando rancheras se roba las gallinas, mientras los cazadores pelean borrachos a balazos en el campo

Pero arriba, en mi nido, en el vientre de mi naturaleza no puedo hacer nada, los cazadores me vienen a buscar con su tecnología de muerte. Cuando mucho, los “naturalistas” prefieren sacarle fotos a mis partes más íntimas, como mis ojos mirando a mis manos animales en la cordillera que quiebra en el mar, donde comienza el infinito.

Ten cuidado que a veces lo absoluto te invita a irte con él. No, nunca te lleva, pero siempre te invita, siempre. Pero, cuando vas a visitarlo, y te mira, es casi hipnótico y ya nadie va a poder irte a buscar. El infinito es infinito, como lo absoluto es total a lo finito y mi vida es la tormenta constante del sur, la tormenta permanente de no ser como infinito en tanto absoluto, sino ser solo el tímido lobo que se esconde en el nido que nació, cuando ya está viejo y no puede cazar. Pero no voy a caer en la trampa del cuchillo en la nieve: antes invitaré al mar a tomar un mate en las montañas de las islas, para convencerlo

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